Oración – El justo ante Dios

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Por Tom y Cynthia Brennan

Al tomar la cruz del liderazgo africano-americano, Martin Luther King Jr. estaba abrumado por el miedo.

Con la cruz en el centro de su fe y siguiendo el ejemplo de Jesús en la cruz, King podía amar incluso a las personas que sabía que estaban tratando de matarlo: “Padre perdónalos; porque no saben lo que hacen (Lucas 23:34).

King vio la cruz como una fuente de fuerza y valor, la expresión última del amor de Dios por la humanidad. Cuanto más sufría, más volteaba los ojos hacia el Gólgota…

. . . King aceptó la cruz de Jesús sabiendo que seguir a Jesús implicaba sufrimiento y como sucedió con Jesús, la posibilidad de una muerte injusta

Hay muchos personajes que son íconos históricos y culturales que pueden considerarse figuras “similares a Jesús”. Al leer este capítulo ha sido asombroso descubrir cuánto se pareció la vida de Martin Luther King Jr. a la vida de Jesucristo. Los paralelismos que James Cone hace en la vida de estos dos hombres son verdaderamente reveladores. En la vida de ambos el tema de tomar su cruz y llevarla a cuestas, es sin duda la similitud más prominente.

El sufrimiento en el camino de la cruz muestra que ambos hombres continuaron soportando la carga y siguieron la voluntad de Dios. Ambas figuras se enfrentaron a dificultades por llevar tal peso, pero se esforzaron por hacer lo que Dios les pidió, incluso cuando eso significaba sacrificar mucho por el beneficio de los demás. Se enfrentaron a la muerte con fe en Dios ya que era para el mejoramiento de la humanidad.

¿Con qué frecuencia en la vida somos testigos del sufrimiento y las cruces que llevan cargando nuestras hermanas y hermanos en Cristo? ¿Acaso nos damos cuenta de la agonía por la que están pasando? ¿Es más fácil hacernos de la vista gorda o alejarnos? ¿Qué tal si mejor nos quedamos callados? Nos hicimos las mismas preguntas cuando llegamos al final de este capítulo.

Luego nos preguntamos qué haríamos si viéramos a alguien sufrir debido a la (s) cruz (es) que está cargando. ¿Ofreceríamos ayuda? ¿Interpretaríamos un personaje en sus vidas como lo hizo Verónica para Jesús, limpiando el sudor y la sangre de su rostro y ofreciéndoles alguna forma de consuelo como el agua? ¿Seríamos parte de ellos llevando la cruz como lo hizo Simón, llevando el peso y aliviando su carga, aunque sea por un momento? La respuesta es: indudablemente “¡SÍ!”

Hemos sido bendecidos con el don y el carisma del Espíritu Santo llamado: “Misericordia”. Este carisma nos empodera para ser un canal del amor de Dios a través de hechos prácticos de compasión que alivian la angustia de los que sufren y los ayudan a sentir el amor de Dios.

A lo largo de nuestra vida, tanto dentro como fuera de la “Iglesia”; aceptamos las cruces de los demás a través de nuestra defensa por los marginados. Alzamos nuestras voces por aquellos que han sido silenciados o peor aún, ignorados. Abrimos nuestros corazones para darle la bienvenida a cualquier persona sin importar el caminar de la vida, sin importar cual sea la cruz que cargan y sin importar el sufrimiento que tengamos que soportar al hacerlo. Vemos tanta desigualdad en el mundo que nos rodea que tenemos que enfrentarla. Sabemos que no podemos hacerlo solos, porque hay muchas causas que continúan siendo una “cruz perpetua” para las personas que son consideradas una “minoría” no solo por la sociedad, sino también por la humanidad.

Nos enorgullece saber que en nuestras vidas participamos en el intento de aliviarles la carga siendo sus defensores, no solo en nuestra fe católica, sino también política, social y económicamente. Nos esforzamos por ser Verónica o Simón, o un “cristiano blanco comprensivo” para aquellos a quienes otros ignoran haciéndose de la vista gorda o que simplemente observan su sufrimiento de lejos.

Con el don de la misericordia, viene la carga de la “empatía”. Al ser demasiado empáticos con las experiencias de otros, la lectura de este libro es un desafío. Es desgarrador saber lo que la gente enfrentó hace sólo dos generaciones anteriores a nosotros. Es triste ver que no ha cambiado mucho para los cristianos de color. Lo mejor que podemos esperar lo vemos en las palabras de Santa Teresa de Calcuta: “Sé el cambio que quieres ver en el mundo”.

En cuanto a Martin Luther King Jr. y Jesús, vivamos nuestra vida para que sus cruces, cargas, sufrimientos y muertes no hayan sido en vano.

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Examina tus percepciones subconscientes con este recurso de la conferencia de los obispos de los EE.UU.